FadoCracia es el gobierno de los melancólicos, la hegemonía de la saudade, la tiranía de los sentimientos... Se vincula con esa insuperable música popular lisboeta: el fado, de carácter triste y fatalista, que arruga el corazón y libera el almita. La FadoCracia que aquí habita, pues, es hermana gemela de la nostalgia, el silencio y la soledad. Y amante de la noche, esa “señora del luto infinito”.